La democracia extraviada

democacia extraviada

La democracia no sólo es la mejor forma de organización de la vida social. Es también la más difícil. Nada desmiente más la experiencia de los sentidos y contradice el “orden natural del mundo”, como ese modo de sociedad según el cual, todas las criaturas humanas, por el hecho de serlo, tienen los mismos derechos.

Contra semejante idea de la sociedad, de la cual ciertamente puede decirse que es cosa de locos, se levantan como evidencias incontrastables las diferencias en la inteligencia, la talla, la cuna, la piel... Y se ahondan más aquellas diferencias, por obra y gracia de la educación, de las herencias, de los golpes de suerte, de la astucia, la enfermedad y el carácter.

Y sin embargo, es tan elemental la verdad sobre la cual se yergue el edificio doctrinario y filosófico de la democracia, que se necesita un genocida para contradecirla: Estos ojos al nacer ven el mismo cielo que ve usted. Allí no está escrito, ni en el aire, que eso tenga dueño. Se de mi, tanto como cualquier otro, al nacer, de sí ha sabido. Esos ojos miran arriba al infinito y no abajo donde las pieles son diversas...

El Himno a la Alegría de Schillerno
pasa hoy de ser música 
de fondo para comerciales 
Mucha gente cree que Bill Gates
es una especie de Einstein

¡Y pensar que a la mayoría de los hombres hay que hacerles entender eso por la fuerza de las leyes! Es más: apenas occidente, por haber tenido la suerte de una religión terrenal en la cual hay lugar para el libre albedrío, puede preciarse de una cierta normatividad moral de índole democrática. Por obra y gracia del despliegue de la vida humana en el mundo, la intuición elemental de la igualdad quedará sepultada. El ser igual se torna en cuestión del especialista y en un objeto de propiedad del político. Enajena así cada hombre esa condición simple en otros y suele recuperarla, cuando mucho, en la forma debilitada del sufragio universal. Pero en el voto, la idea trascendente de la importancia de ser hombre desaparece. O con benevolencia, podríamos decir que esa importancia se reconoce, cuando paga por ello el precio de desaparecer debajo de la masa inmensa y anónima del electorado.

Esos procesos colectivos que ensombrecen la verdad de la igualdad entre los hombres, se individualizan en unas personalidades. Es el paso de la psicología colectiva a la psicología individual. Encontramos entonces, a quien luego de mirar alrededor y no sentir que sea más prudente su consejo, ni más feliz su hogar, ni más preciso su juicio o fluido su verbo, se llena de uno de los dos sentimientos que se oponen como las más sólida barreras contra la democracia: La soberbia y el resentimiento. Es dueño de la primera, quien teniendo mucho es poco. Y de la segunda, quien teniendo poco aspira a ser mucho. La soberbia y el resentimientos, ambas enfermedades de clase, aspiran a encontrar su cura en las formas despóticas o autoritarias. Fantasea el soberbio con el poder, para reducir a la obediencia a quienes se han impuesto por encima de las desigualdades del tener. Y sueña el otro mientras tanto, con el poder que le entregue todo lo que se puede tener.

El mundo está muy lejos de esos años en los cuales se puso la primera piedra para construir la democracia. Mientras aquello al principio floreció en el discurso del filósofo, mucho más insistiendo en las artes y las ciencias, la verdad y la belleza, con el paso de los años se fue degradando en la contienda de los pequeños intereses. El Himno a la Alegría de Schiller no pasa hoy de ser música de fondo para comerciales. La igualdad anda en bus o a pié, lo demás es diferencia. La verdad la revelan entre Cornejo y un señor Chopra2. Mucha gente cree que Bill Gates es una especie de Einstein o más3.

Después de todo, tal parece que a Dios no le importa mucho lo que pasa en este mundo.

* Publicada el 24 de octubre de1999.

2Los señores Chopra y Cornejo, son un ejemplo de los que llaman “motivadores”. Una especie de pregoneros de los que denominan “la nueva filosofía empresarial”. Por lo menos hasta principios del siglo, eran invitados con frecuencia a actos masivos y se les citaba con mucho respeto por gerentes y administradores.

3Tampoco podré olvidar la reverencia con la cual una exministra de Educación se refería a Bill Gates como una especie de Einstein de la informática...