Y llegaron los clones…

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Dentro de pocos meses se habrá perfeccionado y difundido, la técnica de clonación de mamíferos superiores. No se necesitará entonces de un brillante equipo de científicos de primera línea para fabricar humanos en serie. Quien ha tenido la oportunidad de conocer una planta de biotecnología a nivel industrial, sabe que los resultados dependen más de los rigurosos controles en los tiempos, de la cuidadosa manipulación de los materiales y de la más absoluta asepsia, que de sofisticados e incomprables equipos.

Quienes más pueden disfrutar de semejantes experimentos franquesteinianos, no deben ser propiamente los defensores de la vida humana sino más bien, las mentalidades criminales. Imagino que los mismos sentimientos de omnipotencia que acompañan al genocida, aparecen en quien tiene en sus manos la posibilidad de producir veinte individuos idénticos al que su autor quiera.

Serán hombres o mujeres sin padre y sin madre, pero con dueño desde su más embrionaria existencia. Hombres con copy rigth, ni más faltaba, hijos no ya de la especie humana, sino de una fábrica situada en una remota isla de Oceanía.

Resulta difícil creer que tan solo tres ovejas y dos micos hayan sido los primeros hijos de las clonaciones de mamíferos. Ni siquiera, hasta donde se sabe, esos ensayos se realizaron en los centros más destacados por sus avances en manipulación genética. ¿No habrá en este momento una sala supersecreta en la cual varios niños son amamantados por medios mecánicos ante la foto de una mujer que les presentan como su madre?. Una de las variantes posibles de la historia humana, hoy probable, fue magistralmente dibujada por Aldous Huxley desde 1927. El procedimiento y las consecuencias de su generalización, están ahí, en Un Mundo Feliz. No es un

divertimento ni un argumento para las grandes masas, como puede ser Los Niños del Brasil. Huxley es un pensador profundamente moral, casi olvidado ya y desconocida una de sus obras El Fin y los Medios. Es una lástima que las siniestras experiencias que nos esperan, sean el motivo de su resurrección.

No faltarán las conciencias presuntamente muy liberales y amantes del progreso, que vean en la clonación una ventaja para la mujer. Al fin y al cabo, algunas de ellas le atribuyen a la maternidad la culpa de todas sus desgracias.

Claro que de ahí en adelante, todas las niñas clonadas serán parecidas a la barbie, porque a una militante del ejército femenino de liberación no le debe interesar mucho que su hija sea idéntica a Sor Teresa de Calcuta. Cyndi Crawford cultivará una verruga y venderá de ahí células para clonación. Por supuesto, participará de las regalías por la fabricación de cada niña que se le parezca.

Y cuando no haya diferencia alguna entre los humanos, será posible la máxima expresión de la democracia. Entonces Dios tendrá razón al decir: “todos ustedes son iguales”1.

 

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1 No se si esta expresión es de Dios y se la copió Fernando Garavito Pardo hace muchos años, en un librito artesanal que me mostró su hermano Edgar. (esta columna fue publicada con seudónimo en 1997).