"Si dices que el jazmín perfuma, no dices nada. Si dices solo jazmín, dirás una palabra perfumada...

Retrato de Fernando Pessoa [Portrait of Fernando Pessoa]                                                                       Retrato de Fernando Pessoa por Almada Negreiro, 1964.

A propósito de un comentario de Antonio José García Fernández el poema LOVERS GO HOME de Mario Benedetti:
En la temprana juventud, esa que en los recuerdos está más cerca de la niñez, pasé muchas horas navegando por la poesía. La disfrutaba y hasta aprendí algunos poemas de memoria,

a veces por puro gusto, a veces por imposición escolar. Silva y Barba Jacob, estaban en el mismo continuo estético de Whitman (hojas de hierba...), Baudelaire (las flores del mal) o Neruda y todos los poetas malditos y García Lorca.
Y justo cuando salía de esa temprana juventud para afrontar los dolores cordales de los amores imposibles y el sexo acuciante y remoto, justo cuando la poesía habría sido una especie de pimienta sobre sobre el ají picante, llegaron los nadaistas. Mucho zapato roto, mucha suela mojada y calles interminables, flores para mascar y no a la guerra... Pero mala poesía. Mala hasta el cansancio. Era más bien una especie de prosa con poca imaginación. Entonces la poesía desapareció de mi vida. Tan solo un poeta bogotano, José Manuel Crespo, del cual nunca volví a saber nada y que fue mi amigo de conversación caminando por la séptima y tomando tinto en los cafés bogotanos de finales de los años 60, ocupó siempre un pequeño lugar en mi cabeza: 
"Si dices que el jazmín perfuma, no dices nada. 
Si dices solo jazmín, dirás una palabra perfumada..."
Y así fueron pasando los años. Por allá a mediados o finales de los ochenta, vi por primera vez el nombre de Pessoa. Lo cargaba Raúl Botero bajo el brazo. Pero esa vez en Versalles no me habló de Pessoa sino de Mutis. 
Siguió la veda poética hasta hace no muchos años, cuando Manuela me habló de nuevo de Pessoa. Y allá en Lisboa, mirando desde el segundo piso de esa bella ciudad el río y el mar en un recodo de la calle de la Se catedral, en Alfama, leí El rio de mi Pueblo. Allí le regalé algunos libros de Pessoa. Y desde entonces regresó la poesía a mi vida como una cosa de todos los días. Manuela es Manuela de los Angeles, mi hija.