Una ciudad tóxica


Más temprano que tarde, se levantarán las medidas de regulación de circulación de carros. Y cuando esto ocurra, volverán las insufribles congestiones, las rutas interminables, ruidosas, peligrosas... Y hasta ahí habrá llegado todo.

Es cierto que los últimos alcaldes se han dedicado a complacer el oído de la moda, haciendo ciclovías al tiempo que disminuyen el área de circulación de los carros. Es cierto que no han tomado medidas efectivas para peatonalizar el centro y erradicar las líneas de buses de esa zona. Es cierto que no han sido capaces de ampliar vías o hacer otras nuevas, que son evidentemente necesarias. Y es cierto también que comprometieron recursos y tierras para hacer el Transmilenio, uno de los más monumentales errores de este país, que se ha reproducido, como las fotomultas, por su capacidad para desviar recursos públicos. Es cierto que han enterrado centenares de miles de millones en obras innecesarias y dañinas como lo hizo Aníbal Gaviria con parques del río, mintiendo con su propaganda sobre el río que sigue siendo la misma cloaca triste que recorre

 la ciudad. Es cierto también que han promovido el uso de motos al no aplicarles sanciones por mal manejo, no exigirles el certificado ambiental y no cobrarles peajes. Y es cierto que hacen daño los alcaldes con las ciclorutas forzadas que estrechan aún más las calles y entorpecen el tráfico. Y es cierto que no controlan el transporte público que contamina muchísimo más que el privado. Y que han hecho obras inútiles e innecesarias como el tranvía de Ayacucho y el proyectado de la 80 que partirá definitivamente en dos la ciudad.

Y es cierto también que motos, buses, fábricas y volquetas contaminan más que los carros particulares. Si... Todo eso es cierto. Pero cuando levanten la medida, todo eso seguirá siendo así y ni siquiera nos quedará una ciudad un poco menos insoportable y dañina.

Quise a mi ciudad inmensamente desde niño. Amé sus calles y seguí paso a paso la construcción de cada uno de sus edificios, cuyas fotos recortaba del periódico para pegar en un cuaderno, por allá un poco antes de la juventud... Pero ya no. Es una ciudad tóxica, convencida de las mentiras que se cuenta acerca de la innovación, desviada y embrutecida con las tonterías de "marca ciudad" o "vender a Medellín", como si se tratará más de atraer algunos turistas a costa de la tranquilidad de los ciudadanos. Ahí tenemos las consecuencias: Turismo pedófilo y drogomaníaco, recorridos mafiosos de evocación de pablo escobar... Cómo "vendieron" la idea del parque de eventos y convenciones y ya sabemos en el fraude que terminó convertido!... O la remodelación de la Macarena, que es hoy por hoy la más ruidosa discoteca al aire libre del mundo, que destruye el sueño de los vecinos con su estruendo y ayuda por ahí derecho a hacer peor el tráfico ciudadano.

Si... levantarán la medida, porque los camioneros ya están protestando. Ya hoy se oye el llanto desgarrador de Sergio Ignacio Soto el presidente de Fenalco, por las pérdidas que los llevarán a la quiebra. Y seguirán las lágrimas del mayor ensamblador de motos, aparatos que tienen a cuestas más muertos que Pablo Escobar...

La semana entrante estaremos en las mismas.

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