Froebel y la Hermana Praxedes

Cuaderno interior froebel

Hay dos libros que conservo con especial amor. Uno de ellos me lo entregó la Hermana Praxedes poco antes de morir. La Hermana Praxedes fue mi maestra de la infancia en el kínder para niños que las salesianas tenían en el colegio de María Auxiliadora. Ella me enseñó a leer y escribir, a contar, a multiplicar y dividir. Tenía una fabulosa colección de “sellos” de caucho, que empleaba en ilustrar los cuadernos de los niños y luego nos daba indicaciones para colorear.

Los cuadernos, además, tenían márgenes en cada página. Eran varios tipos de dibujos: grecas, cadenetas, puntitos y rayas, todos de colores variados. Pero quizás lo más sorprendente para mí hoy, es que a pesar de tener pocos años de inventado, nos enseñó a escribir con bolígrafo. No teníamos encabador y tintero ni lápiz. Solo bolígrafo y una advertencia: “Escriban con cuidado que esa tinta no se puede borrar”. Creo que ahí aprendí a no hacer borradores de nada (si me hubiera dado por escribir novelas policíacas, habrían sido un fracaso).

El libro se titula “Manual Teórico Práctico de la Educación de Párvulos, según el método de los Jardines de la Inffancia de Profesor Federico Froebel”. Fue publicado en Madrid a principios del siglo XX. Es un libro muy organizado, donde se desarrolla con muchos ejemplos cada tipo de enseñanza y se dan las explicaciones acerca del fundamento y valor pedagógico del ejercicio. Me contó la Hermana Praxedes que este libro era la columna vertebral de la formación de las maestras por parte de la comunidad. Es apenas comprensible que las mejores maestras y maestros, siguen siendo formados en las normales regentadas por las salesianas.

 

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Cuaderno interior tapaEl otro libro es la colección empastada de mis cuadernos de primero elemental, grado siguiente al kínder y que también con mis hermanos cursé con la Hermana Praxedes. Fue el regalo que me dio mi prima hermana Luz García, en ese entonces joven religiosa de la comunidad, por la cual siempre profesé un gran cariño y quien murió hace pocos días.

En esos cuadernos están, paso a paso, plasmadas con bolígrafo, márgenes y sellos de colores, cada una de las instrucciones de Froebel. La única excepción lo constituye el cuaderno de religión, donde para cada página hay una estampita de una advocación diferente de la virgen con una leyenda sobre su historia.

Resultará sorprendente para muchos, que hace sesenta años, en un colegio católico, femenino y bastante exclusivo para esa época, uno de los fundadores de la escuela

 activa hubiese tenido la regencia del Kínder de niños por la vía de mi muy recordada maestra de primeras letras.

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